Retrato de una pasión

Todo comenzó cuando me mostraron un Gráfico. ¡Cómo olvidar aquella tapa! El Loco Gatti le entregaba simbólicamente los guantes de la Selección a Fillol, acusando un problema en una rodilla; era el nº 3025 de un 27 de septiembre de 1977, hacía tres días que yo había cumplido 12 años, y allí decidí, instantáneamente, abandonar la saga de Dante Quinterno para empezar a leer “cosas de hombres”.
La revista llegaba los martes a 9 de Julio, y cuando salía de la escuela, al mediodía, enfilábamos con mi viejo para el kiosco, sino tenían que aguantarme “con la boca abierta como un jarro”; y así comenzaron a acumularse, enteritas, sin dobleces y sin manchas; ¡Y ojo con tocármelas!
Me encantaba “relojear” el placard y verlas allí apiladas; eran mi tesoro; mi habitación una cueva inexpugnable; pero a veces las necesitaba todavía más cerca, entonces las amontonaba alrededor de la cama, “apuntaladas” con los Robinson Crusoe –libros que mamá me regalaba regularmente hacía años-, y formaba una trinchera “de culto”, donde el regocijo de contemplar mis posesiones me colmaba.
Devoraba las notas, escritas por tipos anónimos para mí; es más, creo que ni siquiera escritas por alguien, sino que tal vez surgieran como una suerte de generación espontánea de eso que era solamente un todo: El Gráfico.
Algunos comenzaron a sorprenderse: ¡Cómo sabe este pibe! ¡Qué memoria tiene! Y la verdad, agrandado ante “la gilada”, a la idea la dejaba “pastorear”, porque así como dicen que “con yuyos cualquiera es brujo”, yo con El Gráfico le “picaba” al que quisiera.
Aunque con el tiempo comprendí que nada tenía que ver “mi sabiduría” con la inteligencia o la memoria. Yo vivía en cada uno de los protagonistas, de esa manera intensa como sólo los chicos pueden hacerlo.
Boxeé junto a Monzón, Ramón Balbino Soria y Hugo Pastor Corro; nadé al lado de Rossana Junco; corrí exhausto los 100 metros alentando a Beatriz Alloco; le exigí a Tito Steiner un mayor esfuerzo para superarse en decatlón; devolví “mansa” la pared a Maradona, a Valencia y a Bochini.
Trepé la cordillera y recorrí las rutas, en bicicleta, con los Contreras, los Alexandre, con Octavio Dazzán, le “soplé” a Vilas cuando utilizar el revés con slice; fui copiloto del Negro Monguzzi, de Ricardo Zunino y el Lole Reutemann; y descubrí la palabra del Flaco Menotti.
César Luis Menotti, que cosa…, hoy todavía me puede. Fui su cómplice, un aliado anónimo pero fiel; por él, odié a Víctor Hugo –al que con el tiempo acepté y admiré-, y festejé cuando lo “pintó” como “un gordito adelgazado que nunca había pisado un vestuario”.
Por él traté, más adelante, de convencer a mamá de mi gusto por las salidas hasta la madrugada, cuando en la revista, el tipo justificó sus hábitos nocturnos: “Muchos salen de noche porque no tienen sueño, yo ando de noche porque tengo sueños”.
Posteriormente identifiqué a los cronistas, y definitivamente supe que no los iba a olvidar: Héctor Vega Onesime, O.R.O., Free-Lance, Juan José Panno, Juvenal, Robinson, José Luis Barrio, Eduardo Rafael, Roberto Defer, Hugo Suerte, Natalio Gorín, Luis Hernández, Carlos Irusta, Néstor Straimel, Carlos Ares, Horacio Pagani, Carlos Ferreira, y Guillermo Blanco, de mi ciudad, nada menos que redactor especial.
Hasta entendí “Las Apiladas” de Borocotó, a Félix Daniel Frascara y Osvaldo Ardizzone; a EL Veco, a Dante Panzeri y Carlos Fontanarrosa, aunque a todos ellos los leía en recopilaciones. Esperaba noticias desde Italia de Bruno Passarelli, y las fotos que veía en otras revistas no se comparaban a las de Ricardo Alfieri, Aldo Abaca, Humberto Speranza, Marcelo Figueras y a las de Héctor Maffuche.
Pero crecí, la vida lógicamente ofreció otras alternativas, el amor por El Gráfico transmutó en otro más real, igual de intenso e inocente; y “mi piel” con la revista disminuyó. Aún así la seguí comprando para mantener a raya mi voracidad coleccionista; pero ya había comprendido sobre “las miserias” de la editorial de Azopardo.
Quisieron las circunstancias, muchos años después, que recalara en Deportea, y reencontrara algunos de aquellos periodistas, hoy también docentes, que me marcaron a fuego, que me indujeron a amar y entender el deporte: Panno, Defer, Blanco, Ares, Pagani y Rafael, entre otros; y siento que estoy cerrando el círculo.
Es por ellos que ahora extraño aquellos Gráficos, los quiero aquí conmigo. En el archivo debe haber cientos, pero yo…yo quiero los míos.
Los cruzo en los pasillos
Y no tengo huevos para decir
¡Qué importantes fueron para mí!
Me envuelve la nostalgia
Y ahora me siento un gil
Quisiera hablar con ellos
¿Charlar conmigo porque sí?
Es probable que no quieran…Por ahí se acuerdan de Vigil.











