lunes, 4 de enero de 2010

Daniel Cingolani campeón

03/12/00. A 9 años de una consagración

Daniel Cingolani campeón de TC 2000

No sé en realidad si los años que pasaron son muchos o pocos, creo que depende de la óptica con que cada uno lo mire, pero considero que no estaría mal rescatar de los recuerdos la carrera de Paraná, último eslabón de una cadena de logros que concluyeron en la obtención del campeonato.
Escribir en primera persona tal vez no sea lo ideal, puedo caer en la vulgaridad y en la obsecuencia, aunque supongo es la única manera de poder transmitir algunas sensaciones que de otro modo estarían vedadas, sino me limitaría a trasladar simples estadísticas de un tipo ajeno a nosotros, de un fulano al que se le podrían enumerar una andanada de méritos pero sin demasiado compromiso.
Pero no, para nada es así. Estoy viendo el video de esa famosa carrera y vuelve la emoción; una incómoda ansiedad por saber lo que va a pasar en la definición, la mandíbula apretada por los nervios, hasta que “el muchachito” de la película aparece en cámara y está tranquilo, aparentemente mucho más que yo en este momento y entonces trato de relajarme. ¡Calmate que ya ganó, tengo que recordarme!
Junto con Henry Martin –compañero de equipo en los Ford oficiales- eran los dos únicos aspirantes a la corona, aunque “el nuestro” llegaba con 14 puntos más que el sanjuanino, quien debía ganar o salir segundo, siempre y cuando Daniel no sumara ningún punto.
Ese fin de semana no se había presentado propicio para la escuadra de Berta y Daniel partía desde el 12º lugar, mientras que su directo rival lo hacía en la 17ª posición. Una lluvia tenaz inundaba la pista y la situación se tornaba por demás complicada en mitad del pelotón de largada. El video me transporta y pienso: “Dios mío, en medio de estos locos y con agua, acá puede pasar cualquier cosa”. La carrera se larga, y al menos para el de 9 de Julio, todo parece marchar normal, aunque los despistes son moneda corriente y espero que no se vea envuelto en algún lío.
En la vuelta 11ª festejo –ahora con algo de culpa-, y es que el pobre de Henry Martin abandona cuando marchaba 13º, entonces no hay barreras para la euforia: ¡Daniel ya es campeón! Y lo que falta es sólo un trámite; de hecho también abandona en el 17º giro.
Cuando recién ha descendido del auto averiado, al borde de la pista, aparece “El” Cholo Cano, quien se acerca presuroso para estrecharle un abrazo, como inicio de un festejo que se presagia extenso. Es que pocas veces hubo semejante coincidencia en la alegría por un logro personal –más allá de todos los que colaboraron-, sobre todo en un ambiente hiper competitivo como el del automovilismo.
Un tipo que no necesitó de la brabuconada ni la prepotencia para ser el que más carreras ganó en ese año. Que aunque la mayoría de los pilotos le consideraban un caballero y muy confiable cuando lo tenían detrás, tal vez no se dieron cuenta que, adelante, y hasta ese momento, les había ganado 12 veces, había hecho 25 pole positions y 22 récords de vuelta.
Y es por todo ello y por el afecto que ahora me sumo a ese recuerdo. Entonces, lo mejor para usted “Muñeco”.

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